Mercado eléctrico en España: una utopía que no ve la luz

El famoso déficit de tarifa, los impuestos, los costes de distribución, las malas practicas de las compañías, un sistema en forma de jeroglífico. ¿Cuáles son las reales razones del fracaso que han tenido los mil y un intentos por mejorar el mercado eléctrico en España? La respuesta: Todas las anteriores.

Las grietas del mercado eléctrico en España.
Las grietas del mercado eléctrico en España. Fotografía: Unsplash

 

¡España vencedor! Somos el cuarto país más caro en electricidad de la UE

Así es, pues según el último informe publicado por la Eurostat, los españoles pagamos más en nuestra factura de luz que el resto de los países del continente, sólo a excepción de Dinamarca, Alemania e Irlanda que nos superan en unos cuantos euros.

La cifra es alarmante, ¡23,7 euros por cada 100 kilovatios por hora! Pero ¿dónde se esconden entonces las ventajas que le traerían al consumidor todas las nuevas políticas aplicadas al sistema durante estos últimos años?

Entre 2003 y 2013 la factura de luz aumentó un 70%. ¿Resultado? Un nuevo sistema de fijación de precios que vendría a aliviar los bolsillos de todos los españoles. ¿Qué ocurrió? Durante el segundo semestre del 2014 las tarifas aumentaron nuevamente, esta vez un 4,1% en sólo 6 meses. Quizás debemos escuchar a Bruselas y darnos cuenta que nuestro recibo de electricidad es uno de los más costosos de Europa.

Pobreza energética, la realidad a oscuras

La pobreza energética alcanza los 1,8 millones de hogares en España.
La pobreza energética alcanza los 1,8 millones de hogares en España. Fotografía: Unsplash

Si debo correr detrás de los amigos de mis hijos cada vez que dejan la luz prendida del baño ya no debo avergonzarme, pues sólo soy una consumidora más dentro del 42% de españoles que tenemos dificultades para pagar nuestra factura a fin de mes. Irónico que parezca, en la sociedad actual el acceso a la electricidad es una necesidad vital, más aún cuando de ella dependen muchas de las tareas mínimas que debo cumplir en mi rol de mamá.

Hoy, y de acuerdo a una encuesta de la Confederación Española de Amas de casa, Consumidores y Usuarios realizada a fines del 2014, casi 3 millones de personas sufren privaciones severas del suministro eléctrico. Y un 1,8 millones se encuentran en situación de pobreza energética.

¿Dónde radica el verdadero problema? Pues que no me vengan a decir que la crisis económica es la causante de todos los males de una nación, ese ya es mero argumento político.

Seis años después de que comenzara a funcionar la esperada liberación del mercado eléctrico en España y, a poco más de un año de la reforma instaurada por el Ministerio, la realidad presenta, a opinión de los propios consumidores, un «suspenso sin paliativos».

«Ni mejores precios, ni mayor información»

Las tarifas suben y la información baja. Los consumidores pierden y las compañías ganan. Así se presenta el actual mercado eléctrico en España. ¡Y que me traten de mentirosa! Si, además de los altos precios, la factura de luz y el nuevo sistema parecen un jeroglífico.

Un reciente estudio realizado por el Instituto Sondea reveló que el 50% de los españoles no entienden el recibo del suministro de luz. Además, desde la puesta en marcha de la reforma a fines del 2014, las solicitudes de consulta recibidas por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia relativas a precios y contratos en el mercado libre representaron mas del 60% de las inquietudes.

Pese a las alarmantes cifras de desinformación frente al tema, los cambios de compañía de consumidores domésticos alcanzaron más de 800 mil solicitudes durante el último trimestre del 2014. Qué extraño fenómeno ¿no?

Hay pájaros en el alambre

El mercado eléctrico y sus pájaros en el alambre
El mercado eléctrico y sus pájaros en el alambre. Fotografía: Unsplash

A veces recurro a nuestras tradicionales frases y veo como las cosas toman sentido. ¡Pues sí! Hoy, los consumidores nos transformamos en pájaros del gran alambrado energético de España y, pese a que los organismos públicos apuntan al optimismo, los intentos y esperanzas por mejorar la situación están en periodo de extinción. Sin embargo, el problema comienza a develar sus misterios y las razones a que nos situemos como el cuarto país que más paga por la luz de la Unión Europea sienta sus bases en hechos bastante ignorados.

Si bien es cierto, para el 92% de los consumidores de luz en España, la liberación eléctrica es la única y gran responsable de los altos precios del suministro, nuestra historia nos otorga factores de gran peso e importancia en esta lucha energética.

Déficit de tarifa y deuda del Estado

Durante años se produjo un desfase entre el precio que se pagaba por el suministro eléctrico y lo que costaba producirlo. Este hecho generó una enorme deuda del Estado con las empresas eléctricas de 30 millones de euros. Sin embargo, a fines del 2014 las cinco grandes comercializadoras de España lograron titularizar la deuda cediéndola al Fondo de Titulización del Déficit del Sistema Eléctrico.

¿La buena noticia? Ya no existe déficit en el balance anual de las compañías. ¿La mala? Los consumidores siguen pagando por este concepto. Pero la pregunta mas importante es otra. ¿Por qué el precio de la luz no se ajustó a los costes reales de producción? La respuesta sigue nadando en el tendido eléctrico.

Altos costes de distribución

¡Nuevamente España sube al podio de los ganadores! Pero esta vez ocupando el primer lugar. Pues claro, nuestro país es el que cuenta con el coste de distribución más caro de todo Europa, cobrando seis céntimos por kilovatio.

Los queridos impuestos

Si bien es cierto, en España los impuestos representan alrededor de un 21% de la factura de la luz, los precios registrados según el último informe de la Euroestat en este sentido se encuentran por debajo del promedio de la UE y de la Euro Zona.

En la Asociación Española de la Industria Eléctrica, que representa a las 5 comercializadoras más importantes del mercado, creen que el problema de los altos precios proviene de los «costes gubernamentales», que incluirían partidas como los impuestos, el bono social o las primas a las renovables y, que por tanto, suponen el «50% del total del recibo».

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